A todos nos ha pasado en algun momento
EL UNIVERSAL miércoles 6 de febrero de 2013 12:00 AM
Aprovechando que este 11 de febrero (fiesta de la Virgen de Lourdes) será la XXI Jornada Mundial del Enfermo escribí un Vía Crucis sobre la enfermedad, luego de padecer artrosis por más de 30 años.

I Estación: Comienzan los dolores, no importa la edad. Viene la espera en los consultorios. Llevamos el morral del colegio para estudiar o un libro. Alguien que nos quiere mucho nos acompaña a esperar. Pasamos a la consulta: historia médica, revisión, récipe de calmantes, órdenes de exámenes, pagamos.

II Estación: Nos sentamos a llamar, con paciencia, para pedir citas de los exámenes. Los necesitamos rápido y a buen precio.

III Estación: Días de exámenes. Madrugamos, pero ya muchos están en la sala de espera. Ahí vemos casos de casos y pensamos que lo nuestro no es lo peor. Sacamos el libro. Esperamos para dar la orden, para cancelar la factura (que cada mes sube más y más) y para entrar.

IV Estación: Nos llaman. Brincamos del asiento y guardamos el libro. Depende de la persona, nos tratan con más o menos humanidad: ¡póngase la bata! ¡Acuéstese! ¡No se mueva! ¡No respire! Mientras tanto nos estamos congelando vivos. El frío aumenta los dolores. Aguantamos.

V Estación: Otra cita. Llegamos a las 5 am y tenemos 3 por delante. A las 5:30 am hay más de 20 en la lista de espera. Las citas por orden de llegada, para los enfermos, son ¡muy duras! No sé cómo eso no lo entienden los médicos. Entramos y nos dan el diagnóstico y la lista de remedios, ojalá los encontremos. Llegamos a la casa. Caemos agotados en la cama y pensamos lo que significará vivir con una enfermedad. Ahí el dolor se acentúa y le pedimos fuerza a Dios. Lloramos, sin que nadie nos vea.

VI Estación: Si nos toca operación la cosa se complica. Exámenes preoperatorios, papeleo del seguro (si tenemos), etc. La noche anterior no dormimos. Salimos de madrugada para evitar la cola en Admisión. Nos dan el cuarto, nos ponemos la bata, llega la camilla. En la camilla se nos sale una lágrima, o varias, pero la secamos rapidito. Empezamos a sentir el frío del quirófano. Llega la enfermera a ponernos cosas y dice: "relájese, no se mueva, colabore...". Nos quedamos viendo la lámpara redonda de luces y rogamos a Dios que todo salga bien.

VII Estación: Despertamos en el cuarto con nuestros familiares o amigos ahí ¡Qué sería de los enfermos sin su familia, sin sus amigos! Gracias a Dios, y a los buenos médicos, todo salió bien. Estamos muy adoloridos y tenemos mucha sed. Nos ponen más calmante y esperamos varias horas para poder tomar agua. Dependemos totalmente de otra persona para todo. Lección de humildad. Amanece y tenemos que pararnos. La ¡o las! heridas arden, pero pa lante, ya pasamos lo peor (pensamos).

VIII Estación: Nos toca irnos de la clínica y la factura se pide temprano para no esperar tantas horas. Igual hay que esperar. La lista de cosas que cobran es impresionante. Gran ilusión de llegar a la casa. Comenzamos a sentirnos como una carga ¡Qué difícil es dejarse ayudar! Pero lo estamos aprendiendo. Hora de acostarnos, dormimos poco. Tratamos de no molestar. Lloramos en silencio, con Dios.
IX Estación: Seguimos encerrados cumpliendo el reposo. Quienes hemos tenido posoperatorios largos sabemos lo que es ver el calendario cada amanecer, esperando el gran día para salir. Nos cuesta leer, escribir... Rezamos y ofrecemos el dolor.

X Estación: Termina el reposo. No somos los mismos. Nuestro corazón se ha ensanchado tanto que cada vez que vemos un enfermo sentimos compasión y queremos prestarle toda nuestra ayuda. Algunos comenzamos a pedir que las enfermedades nos lleguen a nosotros y nunca a un hijo o a un ser querido, porque verlos sufrir es aún peor.

XI Estación: Vivimos meses muy bien y damos gracias a Dios cada segundo. Ahora todo lo vemos más bello, con mucha luz. Tratamos de seguir las indicaciones médicas y programamos citas de chequeo.

XII Estación: Pasan los meses, el año o los años, y se repite el mismo ciclo. Dolores, citas, exámenes, operación, recuperación. Tenemos más paciencia. Pero a medida que pasan los años nos ponemos más cobardes y cuando nombran la palabra operación ¡temblamos! y pensamos con terror en la recuperación.

XIII Estación: Sentimos cómo la enfermedad nos ha ayudado a vivir la vida con una mayor profundidad y sensibilidad. La paciencia es la palabra clave en nuestro aprendizaje, por algo nos llaman pacientes. La humildad es la palabra esencial en ese duro camino de vernos limitados, aún siendo jóvenes.

XIV Estación: Descubrimos que si llevamos la enfermedad con Dios a nuestro lado podemos estar alegres en medio del sufrimiento. Experimentamos en carne propia que cuidar a un enfermo es el amor más grande que se puede dar en esta vida. Aprendimos, aunque nos cueste entender, que los enfermos son los predilectos del Señor, y que en el Cielo no habrá más llanto, ni más dolor... Solo Amor y Felicidad para siempre, para siempre...